LA MADRASA AL-YADIDA DE CEUTA

Los invito a trasladarnos al siglo XIV, cuando en la bella ciudad milenaria de Ceuta dominaba la dinastía meriní (2). Ceuta o Sabta, como se llamaba en aquel entonces, gozaba ya de gran prestigio, por poseer uno de los puertos comerciales más importantes del Mediterráneo, por su situación estratégica en el Estrecho de Gibraltar, por contar con unas defensas que la hacían inexpugnable, por ser uno de los centros del saber más prestigiosos del Magreb. 

Grabado del siglo XVI Hogenberg – Joris Höfnafel. fuente: www.ceutaldia.com

Hoy en día los vestigios de aquella Sabta de época meriní aún subsisten, unos más visibles que otros, si bien unos pocos ya han desaparecido, como la madrasa al-Yadida

Madrasa (en plural: madaris) es la palabra en árabe para escuela superior, donde se enseñaba Derecho y jurisprudencia del Islam entre otras asignaturas. 

El hecho de que la madrasa de Ceuta haya sido demolida a finales del siglo XIX supone un  desafío. Sin embargo, a lo largo de los siglos los cronistas e historiadores supieron  escuchar lo que la madrasa al-Yadida les iba contando y que plasmaron en libros de gran valor. En tiempos más recientes la madrasa seguía relatando su historia a los arqueólogos e investigadores, a los historiadores y científicos. Ellos realizaron grandes trabajos escribiendo, dibujando, excavando y exponiendo con mimo los restos de aquella escuela superior del siglo XIV.

Uno de los arqueólogos ceutíes que supieron oír lo que la madrasa le contaba es  Fernando Villada, arqueólogo municipal de Ceuta. Lo menciono en este artículo, porque gracias a su ayuda y generosidad cuento para este post con planos, dibujos y fotografías, que nos hará más fácil su visualización. Así que con toda esta documentación los invito a visitar la madrasa al-Yadida en la bella Ceuta. 

recreación realizada en azulejo cerámico por la ceramista Carmen Navío, donde se ve la madrasa con el alminar.

Nos trasladamos en el tiempo y en el espacio: Al siglo XIV en Sabta situada en el lado sur del Estrecho de Gibraltar. El geógrafo oriental al-´ Umari describe la ciudad poco antes de la conquista portuguesa (1415): 

La fama de Ceuta vuela por el mundo, por su posición en el Estrecho. Está en un promontorio muy estrecho, rodeado por el mar al este, oeste y sur y que si quisieran sus habitantes se haría una isla. Hay frutos abundantes y caña de azúcar, aunque ésta en poca cantidad. Está defendida por numerosas torres y grandes murallas, el agua de los baños se lleva del mar por medio de ruedas hidráulicas. Ha quedado como ciudad de ciencia y jurisprudencia. Es uno de los grandes puertos de mar, porque los navíos musulmanes y cristianos acuden allí en gran número de todas las regiones y de todas las partes del mundo. Es rica y agradable.” 

Ceuta era una ciudad muy poblada, su puerto era el principal del Estrecho de Gibraltar. Era una ciudad conocida también por su alto nivel cultural. Ibn Jaldún nos habla de la escuela fundada en Ceuta “por los emigrados de Sevilla, al principio de la derrota nazarí” e ibn al-Jatib nos cita varios ulemas (3) que en la segunda mitad del siglo XIV, acuden a Ceuta para su formación científica y religiosa.

Hacia el año 1347 el sultán meriní Abu l-Hasan decidió levantar una madrasa a la que llamó al-Yadida. El sultán era un hombre ambicioso, tenía 34 años cuando accedió al poder y llevó a cabo una gran labor constructiva a lo largo y ancho del Magreb. 

Ceuta fue una de las ciudades, al igual que Fez o Marraquech entre muchas otras, que se vieron favorecidas por el sultanato meriní, que gobernó en Ceuta hasta la conquista de los portugueses en el año 1415.

A la hora de hablar de la madrasa o escuela superior islámica de Ceuta debemos conocer el contexto en el cual se ideó su construcción.

La creación de estas escuelas superiores (madaris) formó parte de un programa bien calculado y planificado por la dinastía meriní con la intención de legitimar y consolidar su poder político y religioso. De esta manera acallaron las voces disonantes de un sector de la sociedad, que no reconocía dicha legitimidad. 

Estas madaris eran espacios controlados por el Estado meriní. Implantaron un sistema de enseñanza para formar o como dice el profesor Martínez Enamoradoadoctrinar a una élite de expertos en derecho islámico y ciencias del Islam para servir al poder la dinastía meriní.” 

Las madaris reflejaron el poder meriní a través de una ornamentación exuberante, rica y fastuosa. Aquellos que visitaba una madrasa quedaba maravillado por su belleza. Recordemos en este contexto, cuando el emir nazarí Muhammad V residió durante su exilio en la ciudad de Fez, tanto le impresionaron la arquitectura y su decoración, que cuando fue repuesto en el trono granadino, construyó su palacio del Jardín Feliz (palacio de los Leones) inspirado en las madaris meriníes. 

Obra de Cano, pintor del siglo XIX. Se puede ver la madrasa, con la entrada y sobre ella el alminar con decoración aún de época meriní.

Eran magníficos edificios con grandes patios y diversas estancias para el estudio, un oratorio o mezquita y una sala de abluciones entorno a un gran patio central. Los muros de estas escuelas solían estar cubiertos de un fino trabajo en estuco ornamentado con paños de sebka, cenefas con inscripciones en árabe y ataurique, mientras que los zócalos estaban recubiertos de cerámica alicatada, componiendo a base de mosaicos formas geométricas en colores vivos y brillantes. Las techumbres mostraban la destreza de los maestros carpinteros, que debían tener conocimiento de matemática para poder realizar el artesonado enlazando estrellas tanto en techos planos como abovedados. El pavimento de mármol entre albercas y aljibes daba un toque de elegancia y lujo en estas madaris. Los pórticos de los patios mostraban elegantes columnas de mármol con capiteles compuestos sobre collarinos decorados con inscripciones árabes, sobre las que apoyaban los arcos de herradura dentro de un alfiz y en cuyas albanegas se mostraba el estuco o cerámica con diversas decoraciones.  

Ceuta, Museo de la Basílica Tardorromana. Vestigios de la madrasa al-Yadida

No piensen que no había otra forma de enseñanza en el Magreb y al-Andalus. Los centros de formación tradicional del saber seguía funcionando. Desde siempre la enseñanza se impartía en las mezquitas o en la casa de los maestros, pero también en zawiyas (escuelas) repartidas tanto en zonas rurales como en las ciudades, donde se formaban los estudiantes ajenos al adoctrinamiento reglado por los meriníes. 

Una vez puestos en contexto, vamos a acercarnos a la madrasa al-Yadida, situada en la medina de Sabta (Ceuta), pequeña y atestada de gente. La medina está bien defendida por una robusta muralla con torres califales y su puerta principal de acceso, que es un símbolo del poder, que los Omeyas dejaron en Ceuta allá por el siglo X. 

Avanzamos entre calles estrechas atestadas de gente, entre casas de adobe, tiendas exponiendo sus productos, pequeñas plazas algunas con una bella fuente, baños, hornos de pan, pequeños oratorios hasta llegar cerca de la gran mezquita, en cuyas inmediaciones se construyó la madrasa al-Yadida. 

Dibujo de la madrasa realizado por Carlos Gozálbes Cravioto. Distinguimos el patio rectangular, la mezquita con el techo a dos aguas con el alminar. En el lado opuesta una qubba para las abluciones y en los lados más alargados se encontraban las dependencias y aulas de la madrasa.

Prestemos atención a su nombre al-Yadida, significa “la Nueva”en árabe … pero … ¿por qué “al-Yadida”? ¿Acaso ya había una madrasa en Ceuta? Efectivamente, amigos. 

En Ceuta se construyó la primera madrasa del occidente musulmán en el siglo XIII, llamada “Shariyya” construida en 1238. Lleva el nombre de su fundador Muhammad al-Sharri, un rico comerciante ceutí, quien siguiendo la moda oriental, levantó esta escuela del saber. En ella se enseñaban diversas materias, contaba con una biblioteca, que llegó a contar con unos 40.000 libros. La enseñanza en la madrasa Shariyya estaba libre de intenciones políticas, se trataba de un incentivo cultural e intelectual para Ceuta, respondiendo a la intención filantrópica de al-Sharri. 

Debemos tener en cuenta, que en el siglo XIII Ceuta ya era un prestigioso centro intelectual y cultural. Al-Sharri fusionó los dos puntos fuertes ceutíes: el comercio y el saber. 

Por lo que el sultán meriní llamó a “su” madrasa la Nueva … al-Yadida

La madrasa era de dimensiones modestas, con un patio rectangular porticado, con arcos de herradura dentro de un alfiz sobre columnas de mármol con capiteles decorados con elegante epigrafía. En los lados más alargados se abrían las dependencias. En el patio se hallaba un aljibe con un brocal del siglo XI probablemente traído de Almería. El brocal lleva una cenefa con una inscripción: “Prosperidad, alegría perpetua para Allah … perfecta felicidad cumplida y alegría para su dueño.”

El cronista del siglo XIX Antonio Ramos nos lo muestra  «El patio era de mármol y él era el lugar para las abluciones, según lo manifiesta la fuente de agua cuyo brocal con orla escrita en árabe hemos conocido, junto a la última columnilla a la izquierda…»

Ceuta, Museo de la Basílica Tardorromana. Brocal de pozo datado en el siglo XI, que perteneció a la madrasa al-Yadida. Lleva dos cenefas con inscripciones aludiendo a su propietario. El brocal podría proceder de Almería.

En uno de los lados más estrechos se encontraba la mezquita, cuya sala de oración estaba compuesta por tres naves, a lo largo de las cuales se alineaban tres tramos con arcos de herradura dentro de un alfiz sobre dos columnas con capiteles y dos columnas con sus capiteles adosados a los muros, formando un conjunto de doce columnas con sus bellos capiteles. La sala de oración podría haber estado cubierta con un artesonado en madera de cedro formando estrellas o bien a base de vigas ricamente talladas. La cubierta exterior un tejado a dos aguas a base de tejas. Podemos imaginar el remanso de paz que se debía respirar en su sala de oración envuelta en aroma de almizcle con el suelo cubierto de esteras, recibiendo la tenue y alargada luz que se abría paso entre las celosías desde el patio creando un ambiente de recogimiento.  

Ceuta. Museo de la Basílica Tardorromana: capitel de columna adosado a la pared. capitel compuesto de dos partes: la inferior circular con decoración estilizada de hojas de acanto. El cuerpo superior cuadrado con venera central a partir de la cual se despliega decoración floral.

El cronsita al-Ansari del siglo XIV nos habla de ella: “magníficamente construida, muy espaciosa, con decoraciones admirables, con columnas de mármol y múltiples revestimientos de elevando precio, la cual construyó el sultán meriní Abu l-Hasan, que eternizó su nombre con monumentos que ponen de manifiesto su grandeza y su poder.” 

Alcemos la vista para imaginarnos el alminar cuadrado de unos 25 metros de altura. Constaba de dos cuerpos. En la parte inferior se abrían ventanas geminadas con bellos arcos de herradura con el alfiz decorado con azulejos multicolores, el cuerpo superior más pequeño estaba coronado por un tejado en forma de pirámide. 

El cronista del siglo XIX Antonio Ramos lo describrió: ” como de más de veinte metros de alto, compuesta de tres cuerpos y adamado el interior con un zócalo de mosaicos y yeserías: «La segunda parte de la torre tenía arcos geminados similados de ladrillos rojos con enlaces y tracerías verdes, amarillas y azules, y la última torrecilla servía para el almuédano, teniendo aquella su asta para elevar la bandera y el faro» 

Ceuta. Fotografía de los restos de la madrasa con el alminar antes de su demolición. Pueden distinguir la decoración del cuerpo inferior, dos arcos ciegos probablemente con decoración en su interior. Debajo de la torre pueden ver una de las puertas de entrada.

Frente a la mezquita, en el lado opuesto del patio, se situaba la gran sala de abluciones cubierta con un cúpula compuesta. El cronista al-Ansari del siglo XIV, sigue mostrándonos la madrasa: “… su sala de abluciones era la más bella y mejor construida de Ceuta, comprende ocho cámaras y un gran estanque para las purificaciones. En cada habitación hay una cubeta de mármol en la que se vierte el agua por una tubería de bronce. El suelo está pavimentado con baldosas de piedra tallada y en medio hay un estanque revestido con azulejos coloreados. Su cúpula es compuesta, y entre sus adornos destaca la flor de camomila, que el que la ve tomarla por natural, por lo bien hecha que está.”

 

Sevilla, Museo Arqueológico. Arrocabe posiblemente de la madrasa al-Yadida. Madera de cedro con inscripción en caracteres cúficos elegantes y estilizados “la prosperidad continuada, bendición” sobre un fondo de decoración floral.

El cortesano y hombre cercano al sultán, Ibn Marzuq nos la dibuja así: “la madrasa es maravillosa, pero más admirable es la de Marrakus y después de la Miknasa. Todas tienen una construcción magnífica y decoraciones extraordinarias, numerosas obras de arte y elegante construcción, decoraciones grabadas, revestimientos de estuco y pavimentos con dibujos diferentes de extraordinarios azulejos, mármoles polícromos, maderas talladas con gran maestría y agua en abundancia.”

Ceuta. Museo de la Basílica Tardorromana. fragmento del artesonado de la madrasa. Madera de cedro con gran trabajo de ensamblaje formando estrellas y un friso de madera con inscripciones talladas.

Después de la conquista portuguesa en 1415, la madrasa pasó a manos de los monjes franciscanos primero y a lo Trinitarios después, quienes la convirtieron en un convento, adaptando y reformando la madrasa a lo largo de los siglos, según las necesidades de los monjes y los avatares de la historia.

Ceuta. planta de la madrasa diseñado por el ingeniero José Madrid Ruiz. Desde la plaza de África había un acceso, quizá no el único. Encima de dicha puerta se alza el alminar de la mezquita. pueden distinguir el plano rectangular de la madrasa si bien ya deformada por las reestructuraciones del convento y su posterior utilización como almacén.

La modesta madrasa quedó entre capillas, el refectorio y claustros orgullosa de su pasado y mostrando su belleza. Se reutilizó sus espacios y parte de sus materiales, tales como pórticos con sus columnas y capiteles, que fueron desplazados.El artesonados de madera, puertas y arcos se adaptaron a las estructuras del convento. Es probable que la sala de oración de la mezquita estuviera situada donde en el siglo XVII se hallaba la capilla de Santiago, recordamos que la mezquita contaba con tres naves cada una con cuatro columnas (dos de ellas adosadas a los muros), el siguiente cronista describe la capilla con doce columnas indicando que “es obra de los moros”: 

Ceuta. Museo de la Basílica Tardorromana. artesonado de madera tallado con mucha elegancia, capitel de mármol formado por dos cuerpos: el inferior con hojas de acanto estilizado y el superior cuadrado con decoración floral.

En el siglo XVII el cronista Mascarenhas describía así la capilla de Santiago en el convento: “obra de los moros: susténtase em doze colunas de mármol blanco con pedestales de mármol negro y asientos delo mismo. Es obra de yeso i madera pulidamente labrada, em q´´ es conserva un patio grande labrado de piedras blancas i grandes, i todo el sitio del es una cisterna de q ´ usa en aquel convento. A la entrada de la capilla ay dos piedras de jaspe con dos letreros en lengua arábiga, que vueltos en la nuestra, dice uno: Bendito sea Dios i alabado q ´se fuerte, el guerrero contra cristianos Joseph Beeab el Jalí, hijo del rey Muley Buenan … El otro letrero dize: Bendito sea Dios q ´se acabó esta bora en el mes de la pascua grande en el año de setecientos i quarente i siete. I por toda la casa alrededor están letreros del mismo yeso en lengua arábiga.” 

Ceuta. Museo de la Basílica Tardorromana: vestigio de la madrasa al-Yadida: medio capitel con tres tipos de ornamentación: hojas de acanto, decoración floral y una cenefa con inscripción cúfica

Y por su parte, Correa da Franca en el siglo XVIII la describe como «una mui hermosa bien cons­truida Aula, donde se explicaban diversas facultades, dividida en tres Nabes, con Columnas de Mármol. vasas y chapiteles de piedra negra, y entre la columna y chapitel Ynscripciones Arabes: la nabe de enmedio cuadrada, su techo era una media Naranja de Exquisitos primores en menudas piezas de madera incorruptible la que no entra en tierra, a la que llaman los Moros Leris, es mui dócil, y mas olorosa que el Cedro: del punto del medio pendía una larga cadena de Yerro, eslabonada al modo, que lo están las de Reloges defaldriguera, gruesa algo mas que una muí1eéa de hombre robusto, y llegaba a distancia del Suelo tres varas a poca diferencia: las dos nabes colaterales eran quadrilongas, los techos rasos de la mesma madera; y primor que la principal: ji-ente de la puerta tenía un capaz nicho, elevado del suelo, parece, era la Cáthedra para los maestros: las paredes estaban todas blanqueadas de Yeso, y en él abiertos ingeniosos dibujos, bien imi­tadas flores, y muchas Arabes inscripciones: el suelo contenía todo Losas mui ajustadas de Barro colado y colorado» 

Ceuta. Museo de la Basílica Tardorromana. capitel de mármol adosado a la pared, ménsula parte del artesonado de madera

Prosigue Correo de Franca en otro fragmento:  ” los techos rasos de la misma madera y primor de la (nave) principal … con corredores con ventanas menos en el frente del aula, forradas en el exterior con dicha madera tallada en otras semejantes flores, inscripciones y dibujos y los perfiles tenidos de carmín.”

Avancemos en la historia. En el siglo XIX se produjo en España la desamortización de edificios religiosos, por lo que el convento de los Trinitarios pasó a manos del Estado. A partir de entonces la madrasa y el convento de los Trinitarios se emplearon parcialmente como almacén. Hacia final del siglo el edificio se encontraba en estado casi ruinoso.

plano del convento de los Trinitarios y la madrasa al-Yadida. Siguiendo el plano anterior, pueden identificar la madrasa en la zona más pequeña y desviada con respecto al convento. Pueden distinguir la línea recta por donde se debía derribar para abrir la calle en cuestión, destruyendo por la mitad la madrasa.

El imparable progreso se fue abriendo paso y en el año 1891 se decidió la demolición de gran parte de la madrasa para abrir una calle facilitando así el desarrollo urbano. El convento trinitario y una pequeña parte de la madrasa quedaron enmarcados en la nueva manzana, que unía la Plaza de África con la avenida de la Independencia.  

 

En este plano pueden ver que de la madrasa sólo quedan algunas estructuras. El convento quedó integrado en una manzana y la nueva calle comunica la plaza de África con la Avenida de la Independencia. Es muy interesante comparar ambos planos, para ver la situación antes y después de la demolición.

Volviendo al año 1891, antes del derribo de gran parte de la madrasa, el cronista local Rafael Romero visitó el edificio y lo describió así:  

” …  se notan aún marcados restos de una labor deliciosa de finísima yesería que elevándose desde 1,30 metros del pavimento hasta tocar la techumbre produce como generador elemento, estrellas de 12 puntas … limitan estos cuadros lindas cenefas de graciosa lacería, que los envuelve en sentido horizontal y de alto a bajo a manera de elegantes marcos a los cuales ciñe en su parte superior en ambos lados y en los que se abren respectivamente, el arco y la puerta precipitada, un gallardo arrocabe de madera esculpida en el que alternan, ya gastados, vivísimos colores con severos entalles y la frase bendición, trazada en bellas letras de carácter cúfico … divide este tránsito o vestíbulo dos estancias que se extienden a uno y otro lado, de las cuales, la que ocupa la derecha, forma hoy parte de una casa de apariencia humilde, construida dentro del área que señala el ex convento y la que, por tanto, ha perdido sus ornatos, víctima de la cal, si bien conserva aún, al menos en su artesonado, algunos gráciles vestigios de su pasada riqueza …  su planta es de figura rectangular y la corona una elegante alfarje al cual decoran lujosos entalles coloridos … su pintado entablamento descansa en robustas vigas de cuadrada forma, cuyas tres caras o lados visibles ofrecen adornos deliciosos relevados, entre los que alternan combinando hábilmente el claroscuro, el color negro, el verde claro, el rojo, azul y oro ya gastados por los años. Su cara inferior ostenta una simétrica y menuda labor, y las laterales respectivamente, una graciosa serie de arcos ojivos de diez lóbulos, ligeramente florenzados por la clave, que circunscriben en su centro cada cual, entre hojas y flores de relieve, la palabra bendición, escrita elegantemente en cúficos caracteres y decorando sus entrepaños se releva un precioso lirio, en cuyo cáliz guarnecido de picadas hojas, se destaca invertida el centro de la flor, una laboreada tena … un gallardo arrocabe, de madera, ofreciendo colores y relieves semejantes, recorre el aposento por bajo de la techumbre, coronando los fastuosos recuadros de labrada yesería que decoran sus paredes … Por último, cuatro robustos canes, tallados asimismo y coloridos, que decoran respectivamente los ángulos de la estancia, prestan al artesonado no escasa esplendidez, al par que poderoso sustentáculo.

Ceuta, Museo de la Basílica Tardorromana. Artesonado en madera de cedro tallado con ataurique a partir de una venera central dentro de una arco lobulado. El friso junto a la pared muestra una elegante grafía en árabe.

En el año 1901 el Ayuntamiento adquirió la manzana del convento para levantar los pabellones de Artillería, demoliendo por completo el convento y los restos de la madrasa al-Yadida. 

¿Qué fue de las maravillas de la madrasa al-Yadida?     

Hoy en día, en Ceuta se conservan vestigios de la madrasa al-Yadida. El Museo de Ceuta expone columnas de mármol, hermosos capiteles compuestos con inscripciones en árabe integradas en una elegante decoración floral. Collarinos con bella caligrafía. En madera de cedro se conservan vigas, tablas, ménsulas y paños de artesonado con una fina decoración en ataurique, con algunas inscripciones en árabe. El Museo de la Basílica Tardorromana también exhibe algunos vestigios de la madrasa al-Yadida, como el brocal de pozo, vigas y fragmento de artesonado, columnas y capiteles.  

Ceuta. Museo de la Basílica Tardorromana. Fernando Villada, arqueólogo municipal de Ceuta, explicando los avatares de la madrasa al-Yadida. Fíjense en los detalles de la finísima decoración de la madera de cedro. Diversas veneras envueltas en unos arquillos lobulados con decoración floral.

En nuestra visita a Ceuta en el año 2018 con motivo del I Encuentro de blogger andalusíes “al-Andalus en la red” , mi querido amigo Alejandro Pérez Ordóñez del blog “Al-Andalus, arqueología e Historia” tuvimos la suerte de visitar el Museo de la Basílica Tardorromana de la mano de Fernando Villada, el arqueólogo municipal de Ceuta.

Ceuta, Museo de la Basílica Tardorromana. Alejandro admirando uno de los hermosos medios capiteles compuestos de la madrasa ceutí.

Durante la visita, me quedé impresionada, cuando me topé con esos capiteles tan hermosos y esa viga y ese trozo de artesonado de la madrasa al-Yadida. ¡Fue tan emocionante! Me hubiera gustado quedarme allí horas. No me dio tiempo a mirar y sentir esas piezas, a escuchar la explicación de Fernando, hacer (buenas) fotos e intentar seguir el ritmo del grupo … era mucho, casi demasiado en pocos minutos. Imposible absorber toda su esencia. De ahí que pido disculpas por la mala calidad de mis fotografías, creo que se nota en ellas mi emoción … 

Amigos, habrán notado de otros artículos, mi debilidad por Ceuta. Pasear por sus calles y plazas significa caminar por la historia del Mediterráneo desde los tiempos legendarios de los héroes clásicos, Ceuta se siente orgullosa de su pasado romano, bizantino y de todas las culturas que por ella pasaron dejando su huella. Es una ciudad que siempre se merece una visita ya no sólo por su patrimonio, sino por la experiencia del enclave donde se encuentra  y sobre todo por la simpatía de su gente, que al fin y al cabo es lo que la convierte en una ciudad única. 

 

Agradecimiento: Este artículo no estaría tan completo sin la buena disposición de Fernando Villada, arqueólogo municipal de Ceuta. Es un hombre de corazón abierto, generoso y hospitalario. Quiero agradecer también la buena disposición de Maribel Gomez Carracao, guía oficial de Ceuta, por su ayuda y confianza. Gracias también a Carmen Navío, ceramista, por su hermoso trabajo en el azulejo recreando la madrasa al-Yadida.  

Notas

1.- “Madrasa” y su plural “Madaris”, es la palabra árabe para designar  “Escuela Superior”. Se trata por tanto de un edificio donde se enseñaban las ciencias, siendo la más importante el derecho islámico. 

2.- La dinastía meriní dominó el Magreb entre los siglos XIII y XIV. En su origen eran pastores nómadas, que pertenecían a la tribu de los zanata (3). Estos beréberes nómadas buscaban tierras fértiles y así llegaron al norte de Africa, cuando los almohades (4) habían sufrido el desastre de la batalla de las Navas de Tolosa (año 1212). La debilidad almohade y la necesidad de encontrar buenas tierras, hizo que estos pastores nómadas se extendieran por la zona del Rif y Gharb Magreb (norte de África). Con el tiempo y forzados por las circunstancias, aquello pastores se convirtieron en guerreros, que vencieron a los almohades, tomando una ciudad tras otra. Se hicieron sedentarios estableciendo la capital de su territorio en Fez. Desde allí y ya como sultanes gobernaron el Magreb e incluso algunas ciudades andalusíes, siendo su época de esplendor el siglo XIV. 

3.- Ulema: sabio y estudioso del Islam y la sharia. 

4.- los Zanata: o Zaneta, es una confederación de tribus beréberes de época medieval en el Magreb. 

5.- los Almohades: dinastía beréber, que defendía la Unicidad de Dios, surgida en el actual Atlas marroquí. Dominaron un amplio territorio entre los siglos XII y XIII en el norte de África y al-Andalus.

Para este artículo me basé principalmente en citas de los cronistas contemporáneos a los meriníes:  Al-Ansari: escritor ceutí contemporáneo a los meriníes, que describió Ceuta poco antes de la conquista por los portugueses. (ss. XIV-XV). Ibn Marzuq: fue un experto en jurisprudencia y derecho islámico. Fue consejero, secretario, diplomático del sultán Abu l-Hasan. 

Cronistas de los siglos XVII, XVIII y XIX:  Jerónimo de Mascarenhas, un eclesiástico y escritori del siglo XVII. Del siglo XVIII el cronista ceutí Alejandro Correa da Franca. Del siglos XIX los cronistas Antonio Ramos de Espinosa y Rafael Romero Barros. 

IMAGENES: 

  • Plano del convento y la madrasa realizado por el ingeniero José Madrid Ruiz, quien llevó a cabo la demolición parcial de la madrasa en 1891. 
  • Plano del convento y parte de la madrasa realizado por Salvador Navarro de la Cruz, cuando ya habían abierto la calle nueva en 1901.  
  • dibujo de la madrasa realizado por Carlos Gozalbes Cravioto 
  • recreación pintada sobre azulejo por Carmen Navío
  • fotos e imagenes tomadas del artículo: Nuevos datos para el estudio del Real Colegio, Convento e Iglesia de la Santísima Trinidad de Ceuta y la madrasa escrito por el cronista oficial de Ceuta José Luis Gómez Barceló. (citado también en la bibliografía) 

BIBLIOGRAFIA:

  • Ibn Jaldún. El Mediterráneo en el siglo XIV. Auge y declive de los Imperios. Catálogo de la exposición en el Alcázar de Sevilla, 2006
  • Ceuta en el Medievo: la ciudad en el universo árabe. II Jornadas de historia de Ceuta. Instituto de Estudios Ceutíes 2002
  • Historia de Ceuta. De los orígenes hasta nuestros días. Instituto de Estudios Ceutíes, 2019. Capítulo Madina Sabta, de Jose Manuel Hita Ruíz y Fernando Villada Paredes. Artículo, Madrasa al-Yadida, su posible restitución a partir del registro arqueológico de Virgilio Martínez Enamorado.
  • La madrasa al-Yadida de Ceuta, una universidad andaluza del siglo XIV, Carlos Gozalbes Cravioto. Revista Jábena nº30, 1980 (cedma.com)
  • Boletín del Museo Arqueológico Nacional 35/2017. Museo de Ceuta, pasado, presente y futuro, José Manuel Hita Ruiz y Fernando Villada Paredes
  • La colección de madera hispano-árabe y mudéjar del Museo Arqueológico de Sevilla, Donatella Giasante. Laboratorio de Arte 15-2002.
  • Nuevos datos para el estudio del Real Colegio, Convento e Iglesia de la Santísima Trinidad de Ceuta y la madrasa al-Yadida, de José Luis Gómez Barceló. Archivo General de Ceuta. 

 

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Elisa Simón

Soy argentina y vivo en España, desde que llegué me cautivó su historia andalusí. Desde entonces leo, estudio y aprendo cada día acerca de este fascinante período de la historia.

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