El zócalo andalusí en el sótano de la hermandad de la Hiniesta – Sevilla

Hacia el 2005 cuando se iniciaron las obras de la nueva casa hermandad de la Hiniesta de Sevilla, los arqueólogos realizaban su trabajo preventivo,  cuando tuvieron la sorpresa se encontrarse con una auténtica joya del siglo XI. 

Se trata del fragmento de un gran zócalo, que formaría parte del frente de una alberca con una fuente en la parte central del zócalo. Esta alberca se enmarcaba en el jardín de un palacio o almunia datado en época taifa. Lo más extraordinario y magnífico de este zócalo, es la policromía.

Los técnicos y especialistas en el tema quedaron gratamente sorprendidos por la calidad de la pintura, por el estado de conservación excelente y el trabajo experto de los artesanos de la época. Los trabajos de puesta en valor e investigación arqueológica, iniciados hacia el 2006, fueron dirigidos por los arqueólogos Manuel Luque Pérez y Carlos Fernández González.  

¿Cómo llegó ese estupendo zócalo abbadí al sótano de la nueva casa hermandad de la Hiniesta en Sevilla? Hagamos un poquito de memoria … 

Para empezar vamos a situarnos geográficamente: Estamos en Sevilla, en el popular barrio de San Julián, situado en la zona norte-nordeste de la capital, entre la puerta de Córdoba y las iglesias mudéjares de Santa Lucía, Santa Marina y San Román. 

plano antiguo de Sevilla, en el círculo rojo se localiza el palacio o almunia, se puede ver las huertas existentes así como la muralla almohade.

Históricamente esta zona de Sevilla, estaba ocupada por huertas y zonas agrícolas, al menos desde el bajo Imperio romano. Recordemos que el perímetro de la ciudad romana y visigoda era pequeño. En época emiral y califal la dimensión no varió mucho. En tiempos de los reyes taifas, el siglo XI, se iniciaron algunas obras nuevas, si bien el tamaño de la ciudad no se extendió. Por lo tanto, este palacio abbadí estaría situado extramuros de la medina del siglo XI, levantado bien bajo al-Mu´tadid o su hijo, el poeta-rey al-Mu´tamid.  

 

El palacio contaría con hermosas salas y salones, que se articulaban entorno a un patio o jardín central de forma rectangular. Además de la bella decoración de los arcos de herradura, el jardín estaba rehundido o deprimido, es decir, tenía dos niveles. Uno con galería y andenes por donde transitaban las personas, y otro a nivel más bajo, donde se desplegaba la fragancia de los arrayanes, rosas y jazmines, además de árboles de buena sombra. El agua se unía a la naturaleza de los jardines, no sólo por la musicalidad de los surtidores, sino por el frescor que despedían y la capacidad de reflejar la arquitectura en sus aguas tranquilas.  

 

recreación del jardín rehundido con la alberca y la fuente. este trabajo está expuesto en el panel informativo. Al final del artículo indico los nombres de los especialistas que han intervenido en diversos trabajos hasta conseguir que podamos disfrutar de esta maravilla de zócalo.

El caso del zócalo hallado en la Hiniesta, pertenecía al frente de una alberca rectangular, donde se almacenaba el agua. Las paredes exteriores de la alberca, daban a la parte rehundida del jardín. El agua de la alberca se comunicaba, a través de unas tuberías, con una fuente en la parte central del zócalo. Hoy en día sólo queda el hueco, donde estaría situada la taza de la fuente. 

Los muros de esta alberca tienen unas dimensiones de 5,10m x 2,94m. Lo más extraordinario y magnífico es la pintura del zócalo, motivo por el cual, los especialistas decidieron que debían ser restaurados y conservados. 

La técnica se basa en aplicar una capa de cal y arena sobre los muros de adobe, este mortero se mezclaba con paja, ya que ésta evita las grietas durante la fragua, sobre éste estuco blanco, se realizó la pintura en negro y rojo. 

La pintura se aplicaba sobre el mortero fresco, in situ, trazando los dibujos con la ayuda de reglas, cartabones y compases. Si se fijan en la imagen, se pueden distinguir los detalles de este trabajo geométrico. Los alarifes dibujaron la lacería, el trilobulado y la estrella de ocho puntas, enmarcado todo ello con palmetas y atauriques. Este diseño geométrico se repite de forma simétrica a lo largo del frente de la alberca, siendo el eje la mencionada fuente hoy desaparecida. 

Los colores empleados son sobre todo el rojo, que se consigue con el óxido de hierro que era un mineral fácil de encontrar en al-Andalus, éste se molía y se mezclaba con agua hasta conseguir una pasta homogénea. 

Este tipo de ornamentación de zócalos en jardines era muy común en al-Andalus. Lo encontramos en madinat az-Zahra, en Zaragoza, en el solar de la plaza de San Pedro en Huelva, en el patio de Contratación, en el patio de la Montería (que fue tapado), en el patio de las Doncellas todos ellos en el recinto del Real Alcázar de Sevilla. 

 

Podemos dejarnos llevar por la imaginación, viendo al rey al-Mu´tamid sentado junto a la fuente disfrutando de su belleza e improvisando versos como éste: 

” … el surtidor ha desenvainado para nosotros

su sable de su agua, 

escondido a la miradas en su funda. 

El la ha marcado con una huella profunda 

y ha adornado una de sus caras: 

si se hubiera congelado, 

El sable hubiera podido ser 

un sable hindú. ” 

Con la llegada de los almohades, ya en el siglo XIII, la ciudad se transformó gracias a las nuevas construcciones y mejoras de las infraestructuras llevadas a cabo por los califas almohades. En varias ocasiones, destruyeron o reutilizaron los edificios preexistentes, en el caso de este hermoso palacio, lamentablemente fue destruido.  

Si bien la zona siguió siendo de huertas, acequias y de cultivo, la construcción de la muralla dejó intramuros el entorno de aquel palacio ya inexistente. Ese sector de la ciudad, a pesar de haber sido integrado en la gran medina almohade, siguió siendo un espacio poco poblado, con grandes superficies para el cultivo, tal como lo pueden ver en el plano de Sevilla. Según algunos autores, el barrio de San Julián, carece de un trazado urbano, ya que sus calles constituyen un entramado, que podría coincidir con los lindes de las antiguas huertas. 

NOTA: Los trabajos de puesta en valor, restauración, conservación y exposición para visita, se llevaron a cabo por iniciativa de la Hermandad de la Hiniesta, con el apoyo del Ayuntamiento de la ciudad. En cuanto a la arquitectura, el proyecto y la dirección de obra lo realizaron Nerea López, Mabel Regidor y Enrique Lerma. En cuanto a los trabajos de arqueología fueron llevados a cabo por Margarita de Alba y José Manuel Rodriguez Hidalgo. 

BIBLIOGRAFIA: 

–La pintura mural hispano-musulman ¿Tradición o innovación? Carmen Rallo Gruss de la Universidad Complutense de Madrid, artículo publicado en la revista al-Qantara XXIV, 1 (2003) pag. 109 – 137

–Huelva Magazine 

–Apuntes del Alcázar, 1 Mayo 2000. Investigaciones arqueológicas en el Alcázar de Sevilla por Miguel Ángel Tabales Rodríguez. Pag. 12 – 44 

–“Esplendor de al-Andalus” Henri Pérès – libris Hiperión. Pag. 208 

–Boletín digital de la hermandad de la Hiniesta 

–Blog de la hermandad Hiniesta “azul y plata” 

–Manuel Luque Pérez y otros 2005 “Intervención arqueológica preventiva. Plaza de San Julián 2-4, Sevilla. Anuario arqueológico de Andalucía 2005, pp 3056 – 3067 

–Juan Antonio García Granados “Zócalos andalusíes” de la decoración geométrica. Versión extendida de la conferencia ofrecida en el Museo de Almería en 2014. 

 

 

 

 

 

 

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Elisa Simón

Soy argentina y vivo en España, desde que llegué me cautivó su historia andalusí. Desde entonces leo, estudio y aprendo cada día acerca de este fascinante período de la historia.

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