DIARIO DE VIAJE DE IBN YUBAYR

 

DIARIO DE VIAJE DE IBN YUBAYR
 
Por Elisa Simon
 
Siguiendo con la trama del artículo sobre los viajeros andalusíes, les quiero ofrecer el viaje de un valenciano llamado Ibn Yubayr. Vivió durante el esplendor almohade de al-Andalus, siglo XII. Realizó tres viajes a Oriente. El primero para cumplir con el precepto de peregrinar a la Meca al menos una vez en la vida, el segundo viaje cuando Saladino reconquistó Jerusalén y el tercero a la muerte de su esposa. Estos viajes los realizó entre la segunda y la tercera cruzada, donde sus protagonistas fueron Luis VII de Francia y Leonor de Aquitania y la tercera encabezada por Ricardo I “corazón de león” y Saladino.
En este artículo, se trata de su primer viaje. Para ello he bebido de una fuente: el magnífico libro “A través del Oriente – Rihla”. Esta gran obra se la debemos al profesor titulado de la Universidad de Salamanca Felipe Maíllo Salgado, donde es profesor titular del área de Estudios Arabes e Islámicos. Maíllo Salgado realizó el estudio, traducción, notas e índices de este libro, editado por Alianza Editorial en el año 2007.
 
Así que, ¡vamos a vivir una aventura de la mano de Ibn Yubayr!
 
Antes de nada vamos a conocerlo un poco.
 
Ibn Yubayr nació en Valencia en 540/1145. Su familia era originaria de los alrededores de la Meca, que llegaron a al-Andalus con el gran contingente de Baly hacia 740. Aquellos ancestros se asentaron en Medina Sidonia, si bien en el siglo XII, la familia vivía en Levante. Su padre era secretario de la cancillería bajo los almohades. De ahí que Ibn Yubayr pudiera recibir una buena educación, tanto religiosa como en bellas letras. Debemos situarnos dentro del contexto histórico, donde los almohades habían impuesto su dogma, que se entremezclaba con el malikismo de los alfaquíes andalusíes. Era una época en que al-Andalus parecía recuperar su brillo. Una nueva edad dorada se estaba fraguando, en poesía, filosofía, ciencias,  arquitectura. Ciudades como Sevilla estaba siendo embellecida con nuevas construcciones, como la magnífica mezquita aljama con torre alminar, hoy llamada Giralda. El palacio de al-Mubarak se estaba agrandando, nuevos patios y estancias. No quiero desviarme del tema. En fin, los almohades han realizado grandes obras arquitectónicas, mejoras en las infraestructuras y sobre todo en las defensas de la ciudad.
Mientras tanto, Ibn Yubayr trabajaba en la administración almohade en Xativa, bajo el gobierno del príncipe Abu Sa´id Utman, hijo del califa. Su carrera se presentaba fructífera y así fue hasta que un día ocurrió lo siguiente: El príncipe lo invitaba a tomar vino al mismo tiempo que le estaba dictando una carta. Ibn
Yubayr se negó. Pero claro, no se podía contradecir al hijo del califa sin consecuencias. Éste obligó al pobre secretario a beber hasta siete copas de vino. Por cada una que tuvo que beber, Abu Sa´id lo recompensó con una copa llena de dinares de oro. Así, después de tragarse siete copas de vino, Ibn Yubayr se fue a su casa, imagino que medio mareado, pero con siete copas llenas de monedas. Después de aquel episodio, Ibn Yubayr tomó la decisión de realizar la peregrinación a la Meca, para que sus pecados fueran perdonados. Dicho viaje lo sufragaría con los dinares de las 7 copas.
 
Una mañana partió de Granada a sus 38 años, el 19 sawwal 578/ 15 de Febrero 1183, en compañía de su amigo Abu Ya´far Ahmad b. Hassan b. Ahmad b. al-Hasan al-Qada´i. Este primer viaje duró unos dos años, y tuvo en su época una resonancia considerable.
 
Según indica Felipe Maíllo Salgado en su libro “A través del Oriente” Ibn Yubayr siguió la siguiente ruta:
 
Su itinerario le llevó primero a Tarifa (Yazirat Tarif), donde embarcó hacia Ceuta (Sabta). De allí partió, en un barco genovés, hacia Alejandría (al-Iskandariyya).
 
Bordeando la costa sur del mar mediterráneo, pasó por Denia (Daniya) las islas de Ibiza (Yabisa), Mallorca (Mayurqa), Menorca (Manurqa). Siguiendo la ruta de la embarcación genovesa, avistó las islas de Cerdeña (Sardaniya), Sicilia (Siqilliya) – tierra de Normandos-  y Creta (Aqritis), esta travesía duró un mes.
 
Una vez en Egipto, siguió la ruta habitual de los peregrinos: de Alejandría a  El Cairo, en barco por el Nilo, hasta la ciudad de Qus, y a lomos de camello alcanzó el puerto de ´Aydab. Desde allí atravesó a bordo de una embarcación el Mar Rojo, para llegar a Yedda, el puerto de La Meca.
 
Más de 8 meses permaneció en La Meca y una vez cumplida la Peregrinación. Partió de la ciudadSanta en la primavera del 1184, en una inmensa caravana de peregrinos de Iraq,tras una visita de 5 días a Medina, siguió el camino por el desierto con la caravana hasta Kufa.
A continuación atravesaron los desiertos del Hiyaz y del Nejd  en dirección a Bagdad, la capital de los abbasíes.  Desde allí fue a Mosul y atravesando la Yazira (mesopotamia septentrional) llegó a Siria. Visitó Alepo, bajó por Hama y Emesa (Homs) hasta llegar a Damasco. Allí residió dos meses y medio. Esta ciudad lo
deslumbra “Paraíso del Oriente, lugar por donde aparece la belleza, elegante y
esplendorosa.”
Siguió viaje a Tiro y desde allí a San Juan de Acre (´Akka) – ocupado por los cruzados. En ´Akka  esperó un navío, que lo llevara de vuelta a casa. En rayab 580/ Octubre 1184 un barco genovés puso rumbo a Sicilia, llevando a Ibn Yubayr de vuelta a al-Andalus.  Alcanzó Messina, dos meses más tarde, tras una travesía terrible, que terminó en naufragio y de la que pudo escapar sano y salvo. Tres meses y medio permaneció en Sicilia, hasta embarcarse de nuevo en Trapani y llegar a Cartagena en 1185. Llegó de regreso a Granada el 25 de Abril 1185, donde gozó de una gran autoridad moral. Se hizo maestro de hadiz y sufismo. Se mantuvo apartado de la vida pública, llevando una vida apacible y discreta.
 
Así fue de forma resumida su primer viaje a Oriente. Citaré a continuación algunos fragmentos extraídos del mencionado libro de Maíllo Salgado “A través del Oriente” 
 
Llegada a Alejandría:
 
“1183, Dios hizo alzarse ante nosotros el alegre anuncio de salvación, mediante la
aparición del faro de Alejandría a unas veinte millas…en primer lugar destaca
el hermoso sitio de la ciudad y la vasta extensión de sus construcciones, hasta
tal punto que nosotros no hemos visto una ciudad de tan amplias vías, ni de más
altos edificios…ni de mayores multitudes que ésta…. Entre sus maravillas, una
de las más grandiosas que hayamos visto es el faro… como punto de correcta
referencia para los viajeros. Sin él no encontrarían en el mar la buena
dirección hacia la tierra de Alejandría…nosotros medimos uno de sus cuatro
lados y encontramos en relación con ello cincuenta y pico brazas. Se dice que
su altura es de más de 150 estaturas de hombre. En cuanto a su interior, como
consecuencia de la amplitud de sus escaleras y vestíbulos y el número de sus
estancias…en su cúspide hay un oratorio…nosotros subimos a él e hicimos la oración…”  
 
Después de su estancia en Alejandría, Ibn Yubayr prosigue su peregrinaje por el delta del Nilo.
 
“Toda la llanura, que está cultivada, es recubierta por la crecida del Nilo. En ella, a
derecha e izquierda, hay pueblos en incontable número… al día siguiente
efectuamos el paso del Nilo en una embarcación de pasaje… El terreno cultivado
es continuo y los pueblos se suceden regularmente a lo largo de toda nuestra
ruta…”
 
Llegaron a El Cairo (en árabe Al-Qahira, que significa La Victoriosa). Ciudad fundada hacia el siglo X por los fatimíes. Anteriormente la capital egipcia era Misr, fundada por los conquistadores árabes. Misr es el nombre que se aplicó en árabe a Egipto. Sigue relatando Ibn Yubayr, que
 
El Cairo, es la ciudad del sultán, inmensa y vasta”. Varios capítulos están dedicados a la descripción minuciosa de los santuarios, donde los creyentes veneran a sus mártires. Visitó un cementerio, cuyas sepulturas pertenecen a profetas, sabios, ascetas, santos y personas extraordinarias. No olvidemos, que este primer viaje de Ibn Yubayr tiene un marcado sentido religioso.
 
Nos describe luego la ciudadela:
 
“Vimos también los edificios de la ciudadela, que es una fortaleza de fuertes
defensas, contigua a El Cairo, que el sultán ha escogido como lugar de
residencia. Él ha prolongado la muralla a fin de reunir en un conjunto las dos
ciudades: Misr y El Cairo…”  
“Y entre lo que vimos, también es un título de gloria para este sultán… el hospital (maristan) que está en la ciudad de El Cairo. Es uno de esos hermosos palacios, de una belleza y de una extensión considerables…ha nombrado (el sultán) a un
director…al que le ha confiado los armarios de los remedios y al que ha
encargado la preparación de las pociones…”
 
Sobre una isla del Nilo, Ibn Yubayr se sorprendió del Nilómetro. Cito: “…al lado de esta aljama se halla el Nilómetro (miqyas), por el que se estima, cada año, la
magnitud de la crecida del Nilo  en el momento de la inundación… este Nilómetro es un pilar octogonal de mármol blanco emplazado en un lugar donde el agua está atrapada sin correr. Está dividido en 22 codos, distribuidos en 24 secciones…cuando la crecida alcanza los 19 codos sumergidos en el río, entonces, según la gente, es el más excelente de los años”…
 
Dedica Ibn Yubayr varios capítulos a elogiar al sultán, tantas veces mencionado. Se trataba nada más y nada menos que del gran héroe del mundo árabe Salah ad-Din, Saladino, que por aquel entonces ya se había convertido en el sultán de Egipto y Siria, respetado y admirado, tenía solo una espina clavada… Jerusalén había caído en manos de los cruzados.
 
Ibn Yubayr y su amigo, prosiguieron su camino de peregrinación, después de seguir en barco por el Nilo hasta la ciudad de Qus. Describe nuestro viajero su experiencia en el desierto hasta llegar al puerto de ´Aydab. En aquellos tiempos era el más importante, punto casi ineludible tanto para peregrinos como comerciantes. En dicho puerto embarcaron para  atravesar el Mar Rojo, donde una tempestad los sorprendió. Sanos y salvos arribaron unos días después a la ciudad de Yedda, el puerto de la Meca.
 
Ciudad de ´Aydab:
 
“es una ciudad en la costa del mar de Yudda, sin murallas, la mayor parte de sus casas son chamizos de cañas…es uno de los puertos más concurridos del mundo, porque los barcos de la India y del Yemen llegan a él, además de los barcos de los
peregrinos que van y vienen. La ciudad está situada en un desierto sin
vegetación y no se come en ella nada que no se importado…”
 
Nos informa Ibn Yubayr que sus habitantes en su mayoría viven de las necesidades de los peregrinos, tales como alojamiento, alquiler y la construcción de barcos o gerbas, que sirven a los peregrinos para cruzar el mar Faraónico (Mar Rojo). Cuenta acerca de la avaricia de su población, sobrecargando estas embarcaciones para sacar el máximo provecho económico posible. Atravesaron el Mar Rojo para desembarcar en la ciudad de Yedda, cerca de la Meca.   
 
Ciudad de Makka (La Meca):
 
“ …entramos en Makka en la primera hora del jueves 4 de agosto, por Bab al-´Umra…. Nos alojamos en una casa…cerca del Haram (recinto sagrado) y Bab as-Sudda, en un aposento provisto de numerosas comodidades de habitabilidad…”   
 
Ibn Yubayr, había cumplido su sueño. Estaba frente a la mezquita sagrada y de la casa antigua. Comienza nuestro viajero a hacer una descripción minuciosa y muy
descriptiva de todas y cada uno de las esquinas del interior de la Ka´ba; sus puertas de plata dorada, mármoles veteados y jaspeados que recubren el interior, columnas de teca, telas de seda decorando el techo. Entusiasmado prosigue explicando el exterior de la venerada Casa. Atauriques, taracea e inscripciones cúficas completan la admiración de Ibn Yubayr hacia las personas
que han realizado esta obra. Largos y minuciosos detalles siguen en las páginas
y capítulos. Menciona que hay dos baños en La Meca y que uno de ellos lleva el
nombre del visir de Mosul, Yamal ad-Din. Elogia y honra a este hombre, ya que gracias a sus infinitas donaciones y dedicación, se realizaron construcciones fundamentales para facilitar la vida a los peregrinos. Así mandó construir edificios, aljibes en los caminos, hizo llevar agua a ´Arafat, restauró las murallas y sus puertas…
Ibn Yubayr cuenta los ritos o estaciones rituales, ceremonias y fiestas que acompañan al precepto de la peregrinación. Nos habla de las tribus del Yemen que llegan a La Meca en masa, junto con cargamentos de trigo, alubias, carnes, frutas, manteca, miel, pasas, almendras. Estos yemeníes no venden sus mercancías sino que las cambian por telas, abrigos y mantos.
Después de más de ocho meses y muchos capítulos, Ibn Yubayr culminó su peregrinación, pero no su viaje por Oriente. Encaminó la ruta hacia el norte, hacia Irak.
 
Esta ruta desde La Meca y Medina hacia Bagdad la realizó Ibn Yubayr formando parte de una inmensa caravana, que avanzaba a ritmo de los camellos. Realizaron varias paradas en sitios claves donde había pozos de agua tanto para los hombres como para los camellos. Atravesaron wadi l- ´Arus, Tihama hasta Nayd.
 
“…no creo que haya en el mundo habitado un país de llanuras más vastas, ni de límites más espaciosos, ni de brisa más agradable, ni de aire más sano, ni de extensión más uniforme, ni de atmósfera más nítida, ni de suelo más puro, ni más
reconfortante para las almas y los cuerpos, ni que el equilibrio sea más excelente en todo tiempo que en el país del Nayd….”    
 
 Después de hacer un alto en Kufa, la caravana llegó a la ciudad de Hilla:
 
“… es una gran ciudad, de antigua fundación, de forma alargada. No queda de sus murallas más que un recinto de paredes de tierra que la rodea. Está situada a la orilla del Éufrates… tiene numerosos mercados que reúnen productos propios de la
ciudad…los vergeles de palmeras se suceden ininterrumpidamente tanto al
interior como al exterior, y las casas están entre los palmerales…vimos en ella
un inmenso puente construido sobre grandes barcas, que unen una orilla a la
otra….”
 
Unas jornadas más tarde hicieron su entrada en la ciudad de Bagdad:
 
“…esta antigua ciudad continúa siendo la sede del califato abasí, pero la mayor parte de sus edificios ha desaparecido y no queda de ella sino el prestigio de su nombre. En comparación con lo que fue, antes de que las calamidades cayesen sobre ella y de que los ojos de la desgracia se volviesen hacia ella. Su apariencia es como los restos borrosos de un campamento, como las trazas borradas o la imagen de un fantasma inerte. No hay en ella hermosura que detenga las miradas y que
invite a los espíritus inquietos a la despreocupación y a la contemplación,
sino tan sólo su río Tigris, que corre entre su parte oriental y su parte
occidental… la occidental está en su mayor parte invadida por las ruinas…la
parte oriental es más moderna…comprende catorce barrios, cada barrio es una
ciudad independiente…el más grande es el barrio de al-Qurayya, a orillas del
Tigris,…hay dos puentes, uno de ellos cerca de la residencia del califa…“
 
Ibn Yubayr hace una descripción muy crítica de los habitantes, según él poco simpáticos, se nota sin embargo, una admiración por la ciudad a pesar de su estado ruinoso. Describe las mezquitas, madrasas, baños, zocos, de ambas partes de la ciudad. Se centra luego en las sesiones impartidas por alfaquíes sobre temas de religión, de las cuales extrae lo más significativo. Trece días después
reemprenden la caravana, pero en esta ocasión acompañados de dos princesas, con sus enormes séquitos y tropas de seguridad. Atravesaron ciudades pequeñas, dejaron a atrás Mosul, que la describe de forma magnífica, dedica un capítulo al recibimiento en dicha ciudad de las princesas. La caravana sigue avanzando hacia el norte pasando por varias ciudades, como Ra´s al-´Ayn, Harran. Hasta que llegan a tierras sirias.
 
“cuando pasas el Éufrates alcanzas la frontera de Siria y viajas ahora bajo la obediencia de Saladino…”  
 
estatua de Saladino en Damasco (julio 2007)
 
 
La caravana tomó camino de Damasco, hacia el sur, pasaron por varias ciudades hasta llegar a Alepo. Lo primero que describe nuestro viajero andalusí es la citadel:
 
“posee una alcazaba célebre por las defensas, de extraordinaria altura, sin igual ni
pareja entre las fortalezas…sus grandes cimientos son como una mesa circular de
tierra: los flancos son de piedra tallada… antigua desde los remotos tiempos,
nueva, aunque sin dejar de existir, ha rivalizado en duración con los días y
los años y ha suscitado el ardor de los notables y del vulgo…”
 
Vista lateral de la Citadelle de Alepo (julio 2007)

 

Detalle de la entrada a la Citadelle (Julio 2007)
 
 
Relata Ibn Yubayr el mítico origen del nombre de la ciudad de Alepo, Halab en árabe, que significa leche. Así nos cuenta Ibn Yubayr:
 
“…una colina en la que se acogió Abraham…con unas pocas ovejas suyas que ordeñaba allí y cuya leche daba en limosna; por ese motivo se le dio el nombre de Halab…”
 
Prosigue hablando maravillas de los zocos, interminables ciudades dispuestos por oficios, indica que estos zocos o mercados están techados con planchas de
madera. Su paseo por Alepo lo lleva hasta la mezquita omeya construida en el siglo X/XI.
 
“esta mezquita…un gran y espacioso pórtico rodea su vasto patio…hay dos pozos de agua corriente…el trabajo de talla ornamental en el almimbar… y el mihrab es
enteramente una taracea de marfil y ébano…”
 
patio de la mezquita omeya de Alepo (julio 2007)
 
 
Unas jornadas más tarde, la caravana continúa su viaje hacia el sur, siguiendo las montañas del Líbano. Nos advierte que estas montañas son el límite entre las tierras musulmanas y la de los cruzados (Antioquia y Latakia), a lo largo de esta zona se extienden las fortalezas cruzadas como la de Hisn al-Akrad o el famoso crak de los caballeros. Finalmente llegan a la ciudad de Hamah:
 
“has de ver en su parte oriental un gran río que se extiende a través del flujo de sus
ramales. En sus dos orillas, las ruedas hidráulicas se miran y en sus dos
márgenes los huertos están ordenados armoniosamente….”
 
Norias de Hamah (julio 2007)
 
 
 
Siguiendo el camino hacia el sur, llegaron a Damasco:
 
“Paraíso del Oriente, lugar por donde aparece la belleza, elegante y esplendorosa…”
 
Después de alabar esta hermosa ciudad siria, comienza el capítulo donde describe la mezquita omeya:
 
“maestría de construcción, notable arte, esplendor de ornamentación y decoración… todos sus muros fueron cubiertos con fragmentos de color oro llamados mosaicos, en los que se mezclaban variedades de tinturas extraordinarias que imitaban árboles ramificándose en ramos… “
 
detalle del mosaico de la mezquita omeya de Damasco (agosto 2007)

 

Cofre (qubba) del tesoro, patio de la mezquita omeya de Damasco (agosto 2007)

 

atardecer en la mezquita de Damasco (agosto 2007)
 
 
Ibn Yubayr cuenta con bastante detalle la historia de su construcción, que durante un tiempo sirvió una mitad como Iglesia cristiana y la otra mitad como mezquita, hasta que el gobernador le compró a la Iglesia la parte cristiana. Nos da una descripción casi exacta de sus dimensiones, el numero de columnas y pilares sobre la que se apoya, el pórtico que circunda el patio, las hermosas cúpulas de plomo, sus tres macsuras, el muro de la quibla, el mihrab, los alminares que son tres, sus puertas, sus ventanas. Nos hace un relato muy visual de las actividades que se realizan en la mezquita.
Regresa al patio para describir las qubbas:
 
“en el patio hay tres qubba-s, una de ellas en el lado occidental es la más grande. Se alza  sobre ocho columnas de mármol, elevándose tal que una torre adornada con
mosaico y con decoración polícroma, como si fuese, en cuanto a su belleza un
jardín… hay otra qubba pequeña en el medio del patio, cóncava y octogonal, de
mármol…”
 
Ibn Yubayr nos enseña a través de sus palabras el monte Qasium y sus míticas cuevas, donde dice nacieron y fueron enterrados profetas. Nos revela los cementerios que rodean la ciudad, las puertas de Damasco con sus respectivos nombres, por donde discurren calles estrechas. Las viviendas de arcilla y caña, nos dice, suelen tener tres plantas.
 
“dentro de la ciudad hay una iglesia que goza de gran importancia entre los cristianos, se llama la iglesia de María…encierra una extraordinaria cantidad de imágenes que hacen turbar los pensamientos y cultivan las miradas…” 
 
Nos describe la convivencia entre cristianos y musulmanes, sus costumbres, sus formas de caminar por la calle, la amabilidad de su gente, los impuestos que deben pagar unos y otros. La estancia en Damasco tocó a su fin, cuando decidieron emprender el retorno a al-Andalus, que comenzó dirigiéndose hacia la ciudad de ´Akka (San Juan de Acre), que por aquel entonces estaba en manos de los cruzados.
 
“Es la capital de las ciudades de los francos en Siria, lugar de escala de naves…puerto de toda embarcación…lugar de reunión de barcos y de caravanas, punto de encuentro de mercaderes musulmanes y cristianos de todos los horizontes. Sus caminos y calles están atestados de gentío y resultan estrechos para poner los pies…los francos (cristianos) la arrancaron de las manos de los musulmanes…sus mezquitas se volvieron iglesias y sus alminares, campanarios…”
 
Pasó en aquella ciudad solo dos días, antes de seguir hacia la ciudad de Sur (Tiro), donde Ibn Yubayr se siente más cómodo, por la bondad de su gente, la limpieza de sus calles y la tranquilidad que se respira. Sin embargo, tuvieron que regresar a ´Akka para embarcar en un gran navío. Ocurrió que por falta de viento de levante, el barco tuvo que esperar. Ibn Yubayr y su amigo, se despistaron y
cuando se dieron cuenta la nave había partido sin ellos. Decidieron alquilar una barca y salir al mar en busca de la gran embarcación, hasta que lograron alcanzarla y subir a bordo. Surcando las costas del mar mediterráneo, avanzaba la nave poco a poco. Avistaron la isla de Sicilia, cuando por la noche se levantó un viento cada vez más fuerte, tanto que empujaba la embarcación hacia la ciudad de Messina. Intentaron arriar las velas, pero el viento era muy fuerte. La
tempestad hizo que la nave fuera a la deriva, raspó con su quilla el fondo y se rompió uno de sus timones. Gritos de los marineros, gritos de los pasajeros, rezaban los cristianos y los musulmanes:
 
“mientras, nosotros de pie mirábamos la tierra firme tan próxima y vacilábamos entre si lanzarnos a nadar hacia ella o esperar…”     
 
“… y vinieron unas barcas en nuestra ayuda, pues la alerta había sido dad en la ciudad. El rey de Sicilia, Guillermo, salió en persona con un grupo de sus hombres para contemplar aquel acontecimiento….”
 
Finalmente la pesadilla terminó cuando pisaron tierra firme. Realiza Ibn Yubayr una descripción del rey normando Guillermo, elogiando su grandeza, su tolerancia hacia los musulmanes, la belleza de las ciudades, como Palermo o Siracusa. Pasado un tiempo, los viajeros hicieron negociaciones para embarcar en un barco genovés, que los llevaría hasta la costa andalusí. Así lograron continuar el último tramo de su viaje. Desde las islas Baleares, pudieron distinguir las montañas de Denia, las cuales alcanzaron al día siguiente. Desembarcaron en Qartayanna (Cartagena) al anochecer, casi sin descanso marcharon en dirección a Granada, pasando por Murcia, Lorca, Guadix. Después de dos años, tres meses y medio de viaje y aventura Ibn Yubayr había regresado a casa. 
 
Cuatro años más tarde, cuando supo que Saladino había conquistado Jerusalén, emprendió entusiasmado un segundo viaje a Oriente, que duró desde 1189 – 1191, pero no hay noticias por escrito de aquel viaje. Regresó a Granada, donde continuaría con su vida discreta, pero no podía remediar el prestigio y fama que había ganado entre sus compatriotas.
Se trasladó luego a Málaga, Ceuta y Fez. Tras la muerte de su esposa, Atika Umm al-Mayd, emprendió un tercer viaje en el año 1217, cuando todavía no se sentía los efectos que habría de tener la derrota musulmana de las Navas de Tolosa (1212). Permaneció durante algún tiempo en la Meca, Jerusalén y Egipto, donde terminaría por radicarse en Alejandría. Allí pronto se hizo con un círculo de discípulos para estudiar el hadit.
Ibn Yubayr murió en Alejandría en noviembre de 1217 cuando tenía 72 años y había adquirido la celebridad y los méritos de un jeque.
 
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Elisa Simón

Soy argentina y vivo en España, desde que llegué me cautivó su historia andalusí. Desde entonces leo, estudio y aprendo cada día acerca de este fascinante período de la historia.

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