LA ACEQUIA DE AYNADAMAR

LA ACEQUIA DE AYNADAMAR
 
Por Elisa Simon
 
 
En mi última visita a Granada quise dar un paseo recorriendo la acequia de Aynadamar. Partí de la ciudad, tomando la carretera 3103, que me llevó hasta la localidad de Alfacar, al pie de la Sierra de la Alfaguara y a una altura de alrededor de mil metros. Se respiraba un aire limpio y a pesar de la temperatura invernal del mes de Enero, el sol de las primeras horas de la tarde causaba una agradable sensación en el cuerpo. Me dirigí hacia el manantial que dio vida a la acequia, la Fuente Grande o Fuente de las lágrimas, de donde proviene el nombre de Aynadamar, del árabe ayn ojos o fuente y ad-dama´, lágrimas.
 
Recordé entonces el poema de al-Maqqari
 
“Deja que corra el llanto de mis ojos
la separación de Ayn ad-Dam ha hecho detenerse mi sangre
allí las aguas gimen con tristeza
como el gemido de aquel cuyo corazón ha sido arrebatado.
Allí los pájaros cantan las melodías de al-Mawsilí y
Me recuerdan el tiempo de mi juventud.”
 
Sin darme cuenta me encontraba asomada a la fuente. Un instante mágico se adueñó del lugar, cuando unos destellos de luz serpentearon en la superficie del agua. Se formó un gran anillo mágico de donde surgió el viajero del tiempo, aquel que había conocido en Sevilla.
 
— as-Salam alaikum ya Elisa – me saludó el viajero con una reverencia.
 
–Has venido en busca de la acequia de Aynadamar. Querida amiga, lamentablemente no queda mucho de ella, ni de su entorno. El paso del tiempo no fue benévolo con esta acequia. Fue víctima del olvido y la destrucción. En nada se parece a lo que fue en tiempos andalusíes. Ven, vamos a dar un paseo por aquellos tiempos y aquellos lugares –. dijo
 
Atravesamos la puerta mágica del tiempo y el espacio.  De pronto me hallaba en un vergel, donde fluía el agua cristalina camino del barrio del Albaicín y su sonido competía con el trinar de los pájaros.
 
–¿ Cuándo y quienes comenzaron a construir esta acequia?  — interrogué a viajero

 

— Cuando los señores ziríes se trasladaron a hisn Garnata, a principio del siglo XI, iniciaron un enorme proyecto constructivo, erigiendo el palacio real o la alcazaba qadima, levantaron la mezquita mayor y proporcionaron a la población los servicios necesarios, tales como baños o lavaderos. Entre estas mega-construcciones se encontraba la acequia de Aynadamar, que era fundamental para el aprovisionamiento del agua a la población. De esta manera, el rey Badis, Allah lo tenga en su gloria, ordenó a su visir que se ocupara de esta vasta empresa –. me contó el viajero
 
— ¿Dónde exactamente nace esta acequia? – le pregunté con curiosidad
 
 
— Mira, aquí mismo – contestó indicando con el dedo — de esta Fuente Grande, que es un gran manantial de agua limpia y dulce. Los alarifes utilizaron piedra toba y ladrillo para su construcción. Los ingenieros hidráulicos debieron emplearse a fondo para superar los accidentes orográficos del terreno en su recorrido hacia el barrio del Albaicín. Para ello encauzaron el agua mediante alcantarillas, acueductos, minas, puentes, aliviaderos, sifones, compuertas y caños. Esta enorme obra de ingeniería se convirtió en prioritario para el rey Badis.
 
— Esta construcción debió tardar muchos años – le dije al viajero
 
— Si, tantos que el rey Badis no la vio terminada, sino que fue su nieto y sucesor el rey abd ´Allah, Dios le haya perdonado, quien logró finalizar esta importante construcción.
 
— ¿Cómo sabía el rey Badis que esta acequia daría agua a toda la población?
 
— Bueno, en un principio el rey Badis la mandó construir para su residencia, en la alcazaba qadima, donde se encuentra el aljibe que lleva su nombre. Si bien a medida que pasaba el tiempo y la población y la ciudad iba en aumento, el proyecto de esta empresa también se fue incrementando.
 
— ¿La ciudad entera se abastecía sólo de este manantial? – le pregunté al viajero
 
— En un principio fue así, si bien con el paso de los siglos Granada se alimentaba de cuatro acequias, dos de manantial y dos de ríos, el Darro y el Genil.
 
— Entiendo. Ya me parecía … ¿ Esta acequia de Aynadamar por dónde discurre hasta llegar al Albaicín?
 
— Ven – me dijo haciendo un gesto con la mano — vamos a dar un paseo a lo largo de estos diez kilómetros hasta la puerta de Fajalauza. ¡Verás que maravilla de paisaje y naturaleza! – dijo con alzando los brazos  
 
 
 
Comenzamos el recorrido siguiendo la canalización de la acequia, cuyas laderas aterrazadas para el cultivo, convertían el paisaje en un vergel. Hacia donde mirara se extendían plantaciones de legumbres, verduras y árboles frutales que despedían un aroma dulce. Un poco más allá se veían los campos de olivos. El agua limpia discurría mansa y su sonido producía una sensación de tranquilidad y frescor que hacía las delicias de este paseo. Durante nuestro recorrido se nos cruzaron conejos, ardillas y hermosos pájaros que parecían juguetear en el aire.
Llegamos a una zona donde el terreno comenzó a descender, de tal manera que el agua de la acequia fue ganando velocidad y su sonido se volvió más intenso.
 
— En este corto trecho, he contado hasta cinco arquitos que parecen puentes – le dije al amable viajero.
 
 
 
— Así es, aquí se les llama puentes, pero en realidad son construcciones para salvar las aguas torrenciales y para salvaguardar las irregularidades del terreno así como para salvaguardar la acequia de cualquier movimiento de tierra – me explicó antes de proseguir — Hemos llegado hasta el acueducto de Hatara. Fijate cómo a partir de ahora va cambiando el paisaje. Seguimos descendiendo y el agua corre con más fuerza, la cual fue aprovechada como fuerza motriz para mover los molinos de rodezno que producían harina.
 
 
 
— Si, mira hay un molino junto al otro – exclamé al ver aquellos molinos y escuchar el sonido de la fuerza del agua.
 
— Esta actividad de los molinos fue el origen de algunas localidades de la zona, como Víznar por ejemplo – indicó el viajero.
 
El paisaje se tornó más poblado. Atravesamos pequeños caseríos o alquerías, cuyos habitantes se ocupan de la industria de la harina y también de la agricultura. Las casas encaladas son modestas, suelen contar con un huerto y un patio delantero. Son gente muy amable y sencilla que nos sonríen al pasar. Este paisaje rural se dibuja salpicado de sencillos alminares de las pequeñas mezquitas del entorno. Según me indicó el viajero, en ciertos lugares más reservados de la acequia se solían usar para la higiene personal, si bien se disponía de baños públicos o hammam.  
Paralelo a la acequia discurre el río Beiro del cual también se beneficia la tierra de esta zona. A medida que nos acercamos a la ciudad el paisaje se vuelve más poblado entre olivares y moreras.
 
— Mira – me indicó el viajero con el dedo índice —  ves el puentecito sobre el río Beiro por donde la acequia atraviesa el río camino del Albaicín. Acabamos de bajar  el barranco del río y llegamos a la alquería de el Fargue – me explicó
 
— ¡Ya estamos casi a las afueras de la ciudad! – exclamé con sorpresa —  ¡Qué casas más grandes! Estas mansiones no son de los campesinos – dije con asombro.
 
— Llevas razón, estas son las almunias de los magnates ziríes y más tarde nazaríes que escogieron esta zona para disfrutar de los días de verano. Pero no sólo los ricos venían aquí a divertirse – mira allí hay una familia que está disfrutando del día de campo – me indicó el viajero
 
— ¡Qué gracioso como se refrescan los niños en la acequia, que en esa zona es más ancha! —  contesté con una sonrisa
 
Los niños se divertían echándose agua los unos a los otros en medio de un alboroto. Mientras los mayores comían y bebían a la sombra de las moreras, charlando y riendo. Del otro lado de la acequia un grupo de jóvenes lo pasaban bien cantando y batiendo palmas.
Nos detuvimos junto a la alberca de Manflor, cerca de la puerta de Fajalauza que da acceso al barrio del Albaicín.
 
— A partir de aquí el agua de la acequia entra en su tramo urbano y está dividida en doce ramales, cada uno de los cuales abastecía a un número determinado de aljibes y fuentes del barrio. Mi querida amiga, yo te debo dejar aquí. Estoy seguro que en otra ocasión nos veremos y seguiremos disfrutando de nuestros viajes en el tiempo.
 
— Ma´salama – se despidió el viajero, antes de atravesar el anillo mágico en la alberca de Manflor.
 
— Inshallah, mi querido viajero … – me despedí yo
 
 
BIBLIOGRAFIA:
 
– Miscelánea Medieval Murciana.Vol.
XXV-XXVI. Años 2001-2002. Págs 67-116
LA
EXPANSIÓN DE LA CIUDAD DE GRANADA EN ÉPOCA ALMOHADE.
ENSAYO DE
RECONSTRUCCIÓN DE SU CONFIGURACIÓN
Antonio
Malpica Cuello Universidad de Granada
 
LA GRANADA ZIRÍ: UNA APROXIMACIÓN A
TRAVÉS DE LAS FUENTES ESCRITAS, ARQUEOLÓGICAS E HISTORIOGRÁFICAS
Bilal SARR MARROCO *
 
– Las aguas de Aynadamar
Francisco González Arroyo Salvador Ruiz Caballero
 
– Granada, ciudad islámica: centro
histórico
y periferia urbana
Antonio Malpica Cuello
 
The Culture of Water in al-Andalus
Natalie Lacy SIT: Study Abroad Cultural Landscapes and the
Arts Program Directora del Proyecto: Dra. Ana Ruiz Gutiérrez Directora
Académica: Ma Cristina
Enríquez y Arcaraz El día 16 de diciembre 2004
 
– Pagina de Facebook “El quinto puente. Plataforma en defensa del patrimonio histórico de
Alfacar”, de donde extraje información y compartí las fotos de este artículo. 
 
 
 
 
 
 

 

 
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Elisa Simón

Soy argentina y vivo en España, desde que llegué me cautivó su historia andalusí. Desde entonces leo, estudio y aprendo cada día acerca de este fascinante período de la historia.

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