Un paseo por Sevilla

 

 
Un paseo por Sevilla
Por Elisa Simon
 
¡Oh, Sevilla, te pareces, cuando el
sol está en el ocaso,
A una desposada esculpida en la
belleza!
El río es tu collar, la montaña tu
corona,
Que el sol domina como un Jacinto.
(Ibn Hisn, s.XI)
 
Los invito a dar un paseo por Sevilla para descubrir algunas de sus huellas
andalusíes. En realidad el legado andalusí no siempre está visible, pero como dice un buen amigo “si rascas un poco, aparece”. Les quiero mostrar sólo algunos de los más conocidos monumentos andalusíes. Así que ¡pongámonos en marcha!
Comenzamos en Bab al-Faray, hoy conocida como la puerta de Jerez, hasta el postigo y torre de Abd al-Aziz, que forman parte del sistema de fortificación del alcázar almohade. Entre el postigo y la torre se oculta entre edificaciones la muralla que los unía. Recordemos un instante a Abd al-Aziz ibn Musa ibn Nusayr, fue el primer gobernador de al-Andalus y como su nombre indica era el hijo de Musa, quien conquistó la Península junto con Tariq al principio del siglo VIII.
Cuando llegaron los almohades en el siglo XII, se afanaron en construir un complejo sistema defensivo, donde se entremezclan murallas y torres que corresponden al recinto del alcázar con otras tantas pertenecientes a la defensa de la ciudad. Según parece la intensión era proteger el nuevo centro político y religioso almohade conformado entre la mezquita y el alcázar.
 
 
 
Mapa de emplazamiento del antiguo alcázar y cerca de Sevilla. Se puede ver en el  margen izquierdo, el emplazamiento de la primera mezquita, hoy Iglesia del Salvador. 
 
 
Alcázar, palabra de origen árabe (qasr) que significa fortaleza palatina, ya que tenía la función de residencia para el gobernador, señor o príncipe andalusí además de centro político y militar. Hoy en día, el alcázar de Sevilla guarda pocas
huellas andalusíes. Los avatares de la historia se fueron ocupando de destruirlas
o cubrirlas. Parcialmente se conservan las murallas y torres defensivas del qasr dar al-Imara califal y al-Mubarak taifa. El acceso actual al recinto, no corresponde con el de época musulmana. Ha sufrido tantos cambios, que incluso
hay un patio que está fuera del recinto del actual alcázar, que hoy día pertenece
a un edificio del gobierno andaluz. Entramos en el palacio por la puerta del León, llamada así por el azulejo, que muestra un león coronado con una cruz en una zarpa, mientras que pisa con la otra una lanza o bandera. Una inscripción en
latín “ad utrumque” nos indica “dispuesto a todo” o “preparado para todo”, divisa real medieval. Donde hoy se dispone un patio rectangular (patio del león) se alzaba parte de los palacios almohades, que fueron destruidos en el siglo XIV. Entre los vestigios andalusíes, que se conservan, está casi íntegro es el patio del Yeso, del siglo XII.
Abramos un breve paréntesis. A lo largo del período almohade en al-Andalus sobresalieron dos califas: Abu Yaqub Yusuf (1139-1184) y su hijo Abu Yusuf Ya´qub al-Mansur (1184-1199). Ambos nacidos en Marraquech y enamorados de Sevilla. No solo vivieron aquí, sino que se dedicaron a agrandarla y embellecerla, aún más si cabía. De la mano de este califa y su hijo la medina logró grandes avances en infraestructuras, se realizaron reformas vitales y obras nuevas. Todas esas labores de mejoras y embellecimiento de Sevilla duraron unos 30 años. El núcleo de la vieja medina entorno a la mezquita de ibn ´Adabas, había quedado ya muy estrecho, después de un considerable aumento de la población. El centro religioso, comercial y social fue desplazado desde la mezquita de Ibn ´Adabbas hacia la zona sur, donde se construyó la mezquita aljama y la nueva alcaicería. Para realizar todo esto, el califa empleó un batallón de alarifes, que seguían las ordenes del  maestro Ahmed ibn Baso, según parece, de origen muladí.
El califa y su hijo, lejos del fanatismo de sus predecesores, fueron amantes de la
cultura, de la naturaleza, la ciencia, la geografía en la figura de al-Idrissi, la medicina, la filosofía. Gracias a su mecenazgo revivió de alguna manera, aquel esplendor andalusí de los tiempos califales y taifas, en médicos y filósofos de la talla de Ibn Tufayl,  Ibn Rusd  (Averroes) o Ibn Zuhr (Avenzoar). Me gustaría mencionar una poetisa que gozó de una inusual libertad y que cantó a los cuatro vientos su relación amorosa. Se trata de Hafsa bint al-Hayy al-Rakuniya, de origen bereber afincada en Granada. Lejos de ser condenada por adulterio, el propio califa la nombró preceptora de las niñas de la familia real.
 
Volviendo al patio del Yeso, vemos una galería decorada con arcos lobulados y la
decoración en forma de rombos, llamada “paños de sebka” que es una de las características del arte almohade. Justo en frente fueron tapiados otros arcos, que darían acceso al patio, sin embargo, éstos me recuerdan más a los del salón rico de Medina Azahara. Entre estos muros estucados se celebraron fiestas y banquetes, donde el vino y la poesía imperaban por encima de la rectitud religiosa. 
“…El rey que busca la gloria,
Monumentos edifica,
Que hasta después de su muerte
Dan de su poder noticia…”
(Califa omeya ab dar-Rahman III)
 
Me van a permitir que me salte el resto del alcázar, que bien merece uno o varios
artículos, pero no quiero desviarme del tema que nos ocupa. Saliendo
del alcázar, hay un enorme patio cerrado por edificaciones y una parte de la muralla. ¿Sería el patio de armas almohade o incluso anterior? Ahora mismo se
siguen realizando trabajos de excavaciones arqueológicas buscando respuestas a
un sinfín de preguntas.
¡Fíjense cómo nos llama, la más hermosa torre! No me canso de mirarla. Por sus cuatro costados es una de las maravillas de este mundo.
Se trata del alminar de la gran mezquita o mezquita aljama, llamada al-Moharen
(La Sagrada). Construida en el siglo XII sobre terrenos casi baldíos, donde parece ser que había un zoco y algunas edificaciones. La mezquita se componía de un gran patio (sahn), hoy patio de los naranjos, el alminar y la sala de oración (haram). De planta rectangular, se asemejaba en amplitud a la de Córdoba. Contaba con 17 naves perpendiculares a al muro de la qibla.   Separadas por pilares rectangulares sobre los que descansaban las arquerías en forma de herradura, que soportaban la techumbre de madera. La nave central era la de mayor altura, donde las arquerías adquirían mayor belleza, culminándose con una cúpula en el tramo que precedía al mihrab. Los alarifes dedicaron sus máximos esfuerzos a la construcción de la cúpula del mihrab, con decoración de mocárabes hechos con yeso.  ¿Quizá se pareciera a la mezquita de Tinmel (1)?  
El edificio quedó concluido en 1176, pero no fue hasta 1182 cuando se celebró la
primera jutba es decir, la primera oración, asumiendo así el rango de mezquita
aljama. Pero todavía no se había terminado el alminar. Ahmad ibn Basó se puso
manos a la obra. Utilizó los sillares del muro del alcázar del rey al-Mu´tamid.
Las obras sufrieron varios contratiempos, entre ellos la sustitución del alarife, si bien Ibn Basó continuó supervisando ésta y otras obras. Al-Gumarí o Alí de Gomara sería quien continuara la construcción de la torre. Parece ser que procedía del Magreb y fue el constructor de las otras dos torres hermanas, en Marraquech y Rabat. Ali de Gomara cambió las piedras por ladrillos, que son mejores materiales para la decoración de paños de sebka. Este tipo de ornamentación es característico del arte almohade. Si nos fijamos bien, el dibujo nos recuerda las suaves ondas en el agua. La luz hace que los rombos tomen vida, sombras y reflejos bailan al son de las horas del día. La conclusión de las obras fue después de la victoria de Alarcos en 1198, que fue cuando el califa encargó la realización del yamur que debía coronarla. Las manzanas doradas se colocaron en lo más alto del alminar, en presencia del califa y su familia. Estas tres manzanas y la cuarta pequeña estaban cubiertas de oro. Ibn Sahib al-Salat, dijo alabando el alminar:
 
 “lo admirable de su vista, que se eleva en el aire y se alza en el cielo, pareciendo al que lo ve a varias jornadas de Sevilla que está entre las estrellas del zodíaco.” 
 
En relación con lo que dejó escrito el cronista al-Salat, vamos a tomarnos un
momento para observar el alminar por sus cuatro lados. Siguiendo las palabras
de Ángeles de la Torre Bravo, pronto se descubre en la ornamentación una sensación ascendente, como si quisiera tocar el cielo. Y es que en cada lado,
los paños de sebka se van elevando hasta alcanzar la voz del almuecín llamando
a la oración. “El rombo es un signo que señala una dirección. Es una elevación
de la figura de la tierra al cielo. Señala además los cuatro puntos cardinales.
Dos ejes que marcan los planos cósmicos, el horizontal y el vertical: “cruz del
mundo”.”
 
Volviendo al plano terrenal, dicen que un rey cristiano, dio orden de no demoler la torre, por su gran belleza. A lo largo de los siglos la torre fue coronada por
distintos campanarios hasta que finalmente en el siglo XVI le dieron el aspecto
actual.   La puerta del Perdón encierra la antigua entrada principal a la gran mezquita, siempre orientada norte/sur. Se trata de una magnífica puerta en madera de cedro recubierta con una plancha de bronce. Fragmentos del Corán recordaban al creyente su entrada a la espiritualidad, debiendo dejar fuera los pensamientos mundanos. Si nos fijamos bien, dicha puerta se sitúa al final de una calle principal de la alcaicería almohade. Se trata del típico trazado de muchas medinas, con la idea de facilitar a los comerciantes su acceso a la mezquita.
Seguimos el paseo, atravesando el pasaje del cabildo, donde nos sorprende un paño de muralla, el cual nos lleva a la torre del Oro, pasando por la de la Plata. La torre del Oro está situada junto al río Guadalquivir.
 
“…en las orillas de su río había
jardines salpicados de colinas,
Bosquecillos de olmos les daban
sombra.
Se diría que el río era el collar de
su cuello:
¿No es cierto que la mayor belleza
está en los collares y en los cuellos?…”
(Ibn al-Labbana, siglo XI)
 
No debemos olvidar que el “gran río” de Sevilla es navegable, por lo que siempre
contó con un puerto fluvial y las atarazanas, donde la actividad comercial no
paraba. Los artículos de lujo y demás mercancías, que arribaban a Sevilla debían pasar la aduana y ciertos controles. Debemos imaginarnos un puerto con mucho movimiento de personas y mercancías, de ahí la necesidad de una torre de vigilancia, que defendiera la ciudad por el lado más débil, su río.  
La torre del Oro (bury ad-dahab) formaba parte del sistema defensivo de la ciudad, como torre albarrana, es decir, exenta de la muralla y unida por un muro o coracha al recinto urbano. De planta poligonal, dividida en tres pisos unidos por una escalera de caracol en el centro. Dicen que anteriormente, en época
taifa, se alzaba en su lugar, uno de los palacios favoritos del rey al-Mu´tamid. El palacio de al-Zahi, con su sala principal, cuadrada y coronada con una hermosa cúpula, llamada Sa´ad al-Su´ud “la felicidad de las felicidades”. Al rey le gustaba, porque desde él dominaba el río.
 
“Sa´ad al-Su´ud se levanta orgulloso
por encima de al-Zahi
Y ambos están colmados de belleza”
 
Lástima que sólo nos queden poemas sueltos de este hermoso palacio.
Continuamos el paseo por la orilla del Guadalquivir, nos encontramos con el muelle de la sal. Hoy en día sobresale el monumento a la tolerancia del artista Eduardo Chillida. Fue desde este muelle, de dónde el rey al-Mu´tamid fue enviado al exilio por los almorávides, el 9 de septiembre de 1091. Fue éste poeta antes que rey, su legado es amplio y valioso. Conservamos su antología poética, donde el monarca desnuda su alma para transmitirnos su alegría, su dicha, su dolor, su añoranza por Sevilla. Gracias a sus poemas sabemos cómo transcurrieron sus últimos años en una sucia celda al pie del Atlas magrebí. Su cáñamo trazó versos llenos de ironía, de sátira, pero también de amor y reconciliación. No queda nada en Sevilla de los palacios del rey al-Mu´tamid… o al menos éstos no están visibles. Según dicen los expertos, sus sillares fueron empleados para la construcción de la mezquita al-Moharen, otros restos estarían escondidos bajo los cimientos del alcázar cristiano. El día del destierro del rey al-Mu´tamid la población entera se lanzó al muelle de la sal para despedir a su señor. Ibn al-Labbana dejó en un desgarrador poema reflejada esa escena del destierro.    
En fin, la historia sigue y nuestro paseo también. Tomando dirección norte a lo
largo del río Guadalquivir llegamos hasta el populoso barrio de la Macarena.
Allí podemos ver los únicos restos que han quedado de la muralla almohade, realizada en piedra y cal. El califa Abu Ya´qub la mandó reconstruir, después de la
inundación de 1168/69. Se conservó intacta con sus puertas hasta finales del
siglo XIX, cuando se decidió su demolición. Una pena. Cuando los castellanos
tomaron la ciudad en 1248 dijeron:
 
“meior Çercada que ninguna otra allen mar nin aquem mar que fallada nin vista podiese ser… et los muros della son altos sobeiamiento et fuertes et muy anchos; torres altas et bien departidas; grandes et fechas a muy gran valor”
 
(Primera Crónica General)
 
Hoy, una avenida ocupa su lugar. Aparte de estos pocos restos, quedan los nombres de calles y plazas, correspondientes a las distintas puertas de la ciudad.
Con tanta charla regresamos al punto de partida. La puerta de Jerez. He dejado
muchas cosas en el tintero, para no alargar demasiado el artículo. Espero les
haya gustado y si así lo desean podemos dar otro paseo en cualquier momento.
 
NOTA:
en esta ocasión el artículo va acompañado de un video con fotos de los
monumentos mencionados. Para ver haga click en este enlace:
 
 

 

 1.-TINMEL:
Pequeña ciudad situada a unos 100km al sur de Marraquech, en el alto valle del
Nfis, fue transformada en ciudad fortaleza inexpugnable a partir de 1120.   El lugar está protegido por el entorno, la estrechez del valle y las crestas rocosas que lo dominan. Las cimas nevadas que lo rodean sobrepasan los 3.000 metros de altitud. Es un nombre bereber, que designa las terrazas de cultivo en la montaña. Tinmel fue la cuna del movimiento almohade, cuyo guía o Mahdi fue Ibn Tumart.  Defendió el concepto de Tawhid (unidad) de Dios, que es indivisible, ilimitado e indefinible. Sus seguidores son llamados Muwahhidun (los que reconocen la unidad de Dios) y de ahí viene el término castellano de almohades. Abd al-Mu´min, sucesor de Ibn Tumart y primer califa almohade, dio orden de construir una mezquita en Tinmel a partir de 1153. Esta obra ha servido de arquetipo para la mayoría de las mezquitas marroquíes. Por su estructura, planta, proporciones moduladas y elementos de su decoración, es una obra maestra de primer orden.

 
BIBLIOGRAFIA:
 
–         “Esplendor de al-Andalus” Henri Pèrés. Libros Hiperión
–         “Historia de España” – tomo VIII-2. Ramón Menéndez Pidal. Editorial Espasa-Calpe
–         “La arquitectura en la literatura árabe” – María Jesús Rubiera. Libros Hiperión
–         “El alminar de Isbiliya” – Juan Clemente Rodríguez Estévez. Colección Giralda
–         “Museo naval. Torre del Oro” – catálogo-guía de 1982.
–         “Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia” – A.F. von Schack. Libros Hiperión
–         “El pensamiento artístico, ciencia y religión en al-Andalus” – Ángeles de la Torre Bravo – Editorial Archiviana
–         “El trazado geométrico en la ornamentación del alcázar de Sevilla” – María Isabel González Ramírez, arquitecto. Universidad de Sevilla
–         “El alcázar de Sevilla”, tomo I – Ana Martín Fidalgo – Ediciones Guadalquivir. 
 
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Elisa Simón

Soy argentina y vivo en España, desde que llegué me cautivó su historia andalusí. Desde entonces leo, estudio y aprendo cada día acerca de este fascinante período de la historia.

3 Comments
  1. Elisa, me has transportado al Bal-hala, que se que no es árabe, pero no se como se dice Paraiso en este idioma que tu ya vas haciendote con él. Felicidades por el artículo de este blog que debería comentar mucha más gente. Si lo miras por el lado positivo, if no news, good news. Pero si a alguien le gusta algo, a los que somos altruistas nos encanta que nos suban el "ego" aunque luego lo "matemos" para que siga fluyendo el amor que le ponemos a lo que hacemos,, tocamos, saboreamos, respiramos,ecuchamos, escribimos y leemos, con el fin único de compartirlo con los demás.Solo de esta manera podemos disfrutar realmente y nuestro ego se desvanece ¡Así que no decaiga tu ánimo y que siga la FIESTA! ¡Un beso!

  2. Elisita por fin saqué el tiempo para leerte, precisamente un día en el que eché de menos tu abrazo mañanero deseandome un feliz día! Me ha encantado la profundidad de los textos que te transportan más allá de las palabras. Enhorabuena y un abracito!

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